Somos mejores de lo que hemos sido?
En algún momento de la historia esa sociedad apacible, sociedad basada en la familia que como unidad buscaba siempre reflejar sus intereses y expectativas sobre otras, aquella sociedad donde al pasar por la calle aun cedía el paso a los adultos o mujeres, aquella sociedad que respetaba sus costumbres y tradiciones tanto que las esperaba con ansias para hacer de ellas grandes fiestas familiares de verdadera vida Cajamarquina.
Cuando se perdió mi Cajamarca… tranquila…. donde jugarse un partido de fulbito en la calle significaba esperar pasar un auto para por fin parar, descansar y respirar de ese rico aire. Eran necesarias solo 4 piedras para llamar a los vecinos y armar un par de arcos y a patear pelota.
Aquella en la cual podíamos estudiar hasta tarde y retornar a casa por medio de la calle solitaria y oscura que no escondía peligro. Donde esta Cajamarca, aquella en donde su valle servía de espacio a las familias para visitar un fin de semana y jugar y reír y divertirse y seguir tranquilos… siempre tranquilos pues no se huía del estrés de la ciudad. Aquella Cajamarca donde la modernidad tardaba en llegar, donde solo unos cuantos tenían la posibilidad de colocar ruedas a su felicidad personal y familiar.
Te extraño Cajamarca tanto como a mi niñez. ¿Cuando se perdió la inocencia de tus calles, la ingenuidad de tu mirada y la paz de tus cerros?
Esa es Cajamarca, la verdadera Cajamarca que tengo en mi corazón y que con ansias espero recuperar. No soporto ver más su rostro tímido, sus calles invadidas por la inseguridad y los cerros sin hablar.
Cuando te volveré a ver Cajamarca…
Dios me dio la oportunidad de conocerte, de quererte, de amarte y espero devolverte por lo menos en parte lo que haz hecho por mí
sábado, 20 de febrero de 2010
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